jueves, 20 de julio de 2017

Objetividad histórica


El historiador a la hora de escribir debería hacerlo con un mínimo de rigor y  objetividad, pero la realidad suele ser distinta.No hace mucho leyendo sobre el político soviético Molotov, Simón Sebaj, decía que era un empollón sin talento y que su único mérito era haberse casado con Paulina, casualmente judía como él, lo mejor de todo es que Sebaj esta considerado un historiador de talla, y así se escribe la historia muchas veces.

Hoy leyendo una libro sobre los Romanov, sale a colación Mikhail,hermano del Zar, y habla de pasada de la que fuera su esposa,Natasha Brasova, y la despacha en 10 segundo con un : era de la peor estopa. Si analizamos el fondo de la cuestión, te das cuenta que la sociedad no perdona que se rompan ciertas reglas, y el hermano del Zar era una pieza codiciada, por casas reales y nobles rusos, y se lo lleva una divorciada por dos veces, y con una hija; y esto tuvo que pagarlo, a día de hoy sigue pagandolo con comentarios como el antes citado. A Natasha tuvieron que echarle alguna que otra maldición, pues la segunda parte de su vida no fue de color de rosa, su hijo murió con 20 años en accidente de automóvil y sus últimos años fueron ruinosos, viviendo de la caridad publica.

Aquí en España también hemos tenido un caso reciente, otra pieza de trofeo, se lo llevó quien menos se esperaba, y la historia se repite, si hubiera sido ñoña, fea y con título nobiliario nadie hubiera dicho nada, pero no es el caso.

Una amiga me pregunta ¿ y que vio? esto es difícil de responder, seguridad en si misma, no hay nada que un hombre deteste más que una mujer que va detrás, por muy modernos que sean los tiempos, pero debió haber algo más, y no me extiendo pues es hablar un poco de vacío.

Algunos historiadores cogen al personaje y lo desmenuzan como si de un trozo de pan se tratara, si gusta, todo son bondades, si no, es poco menos que un tarado mental, que llegó por un golpe de suerte.